Hay algunas bebidas muy populares alrededor del mundo que ponen en alto a su lugar de origen como por ejemplo el tequila en México, pisco en Perú, vodka en Rusia, y el whisky en Reino Unido, etc, sin embargo, debido a la popularidad de estas bebidas son fabricadas en otras regiones del mundo, llegando a compararse a las recetas originales.

El whisky japonés es uno de estos raros casos donde la producción de una bebida extranjera consigue una gran popularidad en otro ambiente. Mientras los escoceses se dedicaban a perfeccionar el whisky de malta y menospreciaban todo lo que no se elaboraba en las Tierras Altas, Japón estudiaba en silencio cada movimiento.
Todo comenzó a principio del siglo 20, un joven llamado Masataka Taketsuru viajó de Japón a Escocia para estudiar química orgánica y terminó estudiando whisky, hizo prácticas en destilerías, se casó con una escocesa y regresó a Japón con sus cuadernos llenos de turba, alambiques y secretos de fermentación.
En su país natal conoció a Shinjiro Torii, el fundador de Suntory, quien contrató a Taketsuru para que le ayudara a crear la primera destilería de whisky propiamente de Japón: Yamazaki, construida en 1923 cerca de Kioto, la ubicación no fue casual. Torii eligió un lugar con humedad, oscilaciones estacionales de temperatura y agua cristalina, condiciones perfectas para el añejamiento de whisky.

El whisky japonés se destilaba principalmente al mercado nacional, era más suave y delicado que la mayoría de los escoceses, no precisamente a la moda de los amantes de los puros y el cuero, pero entonces el gusto global cambió.
La gente empezó a apreciar los matices, la sutileza, el equilibrio y eso era justo lo que tenía el whisky japonés, así los amantes del whisky internacional se dieron cuenta de que el mejor trago de su estantería quizá no provenga de Speyside, sino de una botella de Hibiki, Nikka o Chichibu.
Fue en el 2001, cuando el Yoichi 10 años de Nikka ganó el premio “Best of the Best” de la revista Whisky, y fue entonces cuando el mundo lo reconoció oficialmente, desde entonces los premios y condecoraciones no han parado para el whisky japonés.
Así la calidad excepcional y la meticulosa artesanía que caracteriza a los destilados japoneses es reconocida, muchas destilerías niponas han adoptado métodos tradicionales escoceses, pero combinadas con su cultura a través de técnicas únicas y características propias, creando así destilados con perfiles de sabor distintivos.
Es así como una bebida tan popular puede llegar a otro mercado, otra región y otras costumbres y con el paso del tiempo, trabajo y disciplina posicionarse como una de las mejores, logrando igualar al éxito de la receta original.
Fuentes: Hisúmer, Arthur Cantina
Menú: Buen Beber, Tendencias, Moda